La complicidad de una abuela y su nieta. Ese amor que se respira en el ambiente lleno de cariño. Un lazo fuerce en el que las discusiones no suelen ser frecuentes. Una relación tranquila marcada por la sabiduría de la abuelita y la curiosidad de la chiquita.
La mujer anciana y sabia, adorable, a veces, no ha terminado su tarea en la vida, porque es la encargada de amamantar de conocimientos y sensibilidad a los nietos que están dispuestos a escuchar....
La belleza de una relación que marca la infancia y siembra un halo de tristeza y melancolía cuando ese lazo lo corta la muerte con su guadaña. Pero, la sólida ternura no muere, permanece en los recuerdos del nieto/a que camina por la vida con ganas de crear su mundo y su estabilidad con las herramientas que le enseñó su abuela.
Así, los abuelos enseñan el amor y como hemos de relacionarnos y amar nuestro entorno, mientras nuestros padres nos muestran las desdichas a las que tendremos que hacer frente. El lado bonito de la vida se lo llevan los ancianos que ya han hecho balance de sus recuerdos y han tomado lo más positivo, y se han dado cuenta qué ha merecido la pena.... El lado malo, los padres, llenos de inseguridades y miedos frente a sus hijos trataran de alejarlos de los peligros que ellos no ven. Por ello los padres parecen ser el mensajero que trae malas noticias y la noticia se confunde con el mensajero....

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