lunes, 22 de abril de 2013

Alergia a la alergia


Es difícil comenzar una historia cuando ni tú misma sabes cómo empezó todo.  Hay veces que los principios son tan lentos, silenciosos…que no te percatas de que hay algo nuevo en tu vida hasta que se desarrolla intensamente.
Toda mi vida he sido alérgica, convivía con normalidad junto a ácaros, pólenes y animales peludos. No tenía miedo al sentir que mi piel enrojecía, mis ojos escocían  o apenas salía aire por mi nariz. Los síntomas eran molestos pero ya formaban parte de mí. Aunque, alguna vez, al observar a gente que no era alérgica, si me llegué a preguntar cómo sería vivir libre de resfriados, estornudos y mocos.  
Toda una etapa superada se fue a la mierda aquel momento en que sentí el picor de mi boca, la hinchazón de mi lengua y los granitos del paladar; era la alergia alimentaria. Esa tarde comí un kiwi en casa de una amiga. Siempre había visto que comer esa fruta verde a mis padres, pero inconscientemente nunca quise probarla. Hasta que Lidia me la ofreció y no pude rechazarla. El resultado el descubrimiento de mi primera alergia a un alimento con dieciocho años, un poco tarde, lo sé.
Los meses siguientes mi vida transcurriría con normalidad a pesar de no querer tomar algunas comidas por miedo a ser alérgica. Posteriormente, esos miedos se fueron extendiendo a muchas comidas. Incluso pensaba que había desarrollado alergia aquellos alimentos que hasta entonces había tolerado y deje de consumirlos.  Mi dieta se redujo atrozmente. 

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